20 de diciembre de 2014

Creando páginas II

-Comételo, vamos Jack-dijo dulce mamá.
-No-contestó él, enfurruñado murmurando por lo bajo hacia al plato.
-¿No quieres crecer y ser fuerte?
-¡Ya soy fuerte y grande! No lo necesito
Mamá observaba con tristeza el brócoli, apenas pinchado en el tenedor, frío y en silencio. Mi hermano es un cabezota de cuidado, siempre lo supe. Es pequeño, pero no hay nada que le saque más de sus casillas que las verduras, parece esos niños de las películas y anuncios americanos. Nunca aprende, nunca. Como mamá ya estaba resignada ha que nunca comiera nada de verdura, cogió su trozo de pescado y lo masticó, en silencio. Mi padre estaba haciendo números en una libreta mientras se manchaba todo, menudo personaje. Hacia caso omiso a la conversación y su sudor fría bajaba por su frente como si se acabará de duchar, horrible. Mi hermano Jack estaba de brazos cruzados, en la silla, mirando con tanta fiereza que parecía que quisiera hacer desaparecer el brócoli con la mente.
-Robert, ¿No le dirás nada a tu hijo?-dijo mamá cortando el silencio. Papá levantó su rostro con seriedad.
-Si, claro que sí cariño. Dime Michael, ¿No me vas a decir nada de ese 0?-dijo el dirigiéndose a mí, provocándome un desconcierto aún mayor.-Ya te he dicho muchas veces que tienes que...-le corté.
-Mamá habla de Jack. ¿Por qué siempre dices que sacó 0? Déjame en paz y vuelve con tus números, eso es lo único que quieres. No eres un padre modélico, no lo pruebes.
-Michael vamos, tu padre esta trabajando para...
-...que esta familia pueda vivir con felicidad el resto de sus vidas- acabamos a coro, mamá, Jack y yo.
Mi padre me miró lleno de furia, como siempre vaya. Se levanto de la mesa, se quitó la camisa sucia, y fue a la ducha no sin antes de beberse una copa de whisky. Nos quedamos mirando su libreta llena de letras y apuntes, con la calculadora encendida llena de operaciones.
-Jack, no te apetecería- Dijo mamá sin terminar la frase.
-No-dijo Jack, cortándola-No quiero verduras.
-Pues nunca molarás como yo-dije poniéndome un trozo de lechuga en la boca. El me miro confundido.
-No molan las verduras.
-Todo lo verde mola más.
-¿Por qué?-dijo el con curiosidad. Siempre decirle cosas así le ponía de buen humor. Mi madre sonreía.
-¿Hulk de que color es?
-Verde
-¿Mola?
-Pues si pero- le corté.
-¿De que color es lo que come Popeye para ser súper fuerte? ¿Qué que color tiene la criptonita, que hace daño a Superman? ¿De que color es linterna verde?¿De qué color es la ropa de Robbin Hood y Peter Pan?¿De que color es el cocodrilo de quiere comerse a Garfio? Todo lo que te he dicho te mola mucho y todo es del mismo color.-dije dejándole sin aliento. Mi madre me observaba mientras Jack iba cerrando despacio la boca, asumiendo la información que recibía.
-¿Verde?-dijo mirándome con miedo.
-Entonces podemos decir que lo verde mola, así que no pienses más y come la verdura.-dije mirando de nuevo al plato, siguiendo las líneas de las hojas de lechuga, en otro mundo. Me giré para encontrar mi padre, mirándome estupefacto. Mi padre no pasa tiempo con nosotros así que no sabe nuestro gustos. Todo eso hizo que fuera el padre de mentira de Jack, puesto que nuestro padre no es el mejor ejemplo. Jack comía entusiasmado y diciéndole a mamá como molaba el verde y como molaba el por comérselo. Papá se sentó en la mesa, apartó la libreta y me miró directamente a los ojos, lo que hizo que todos callarán. Nadie se movía.- ¿Sin libreta?
-Perdón.-Me atraganté con la comida y tuve que tomar agua. Todo el comedor rezumbaba tensión.- Nunca te hago caso, pero tu sigues. Nunca me entero de vuestra vida, pero tu lo haces por mi. Me haces la comida, me compras todo y cuidas de Jack. Cuidas de tu madre y sacas las mejores notas que hay. Así que lo siento por ser un capullo.
-Papá ha dicho capullo. ¿Por qué yo no puedo?-rió Jack con toda la bocaza llena de comida abierta
-Porqué se necesita un permiso especial-contesté. Miré a papá.- Está bien viejales, te perdono.
-¿De verdad?
-Eres mi padre, siempre lo haré. Tu me quitaste los pañales, aguantaste mi noches de lloros y me vestías y desvestías cuando yo solo no sabía. Dormías conmigo, me contabas cuentos y me dabas besos de buenas noches. Me traías regalos y me dejabas hablar por teléfono con todos los números que me encontrará. Hacías mis deberes, venias a todas mis obras de teatro y aceptabas mis suspensos. ¿Cómo no perdonaré al que me aguantó cuando ni yo me aguantaba? Así que ser capullo es lo menos por ser antes el mejor. Nunca recuerdo a un diablo por lo que ha hecho sino por lo que hizo bien antes de serlo.


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