30 de enero de 2015

Navegando entre palabras I: El comienzo

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Cuando pensé en como relucía esa varita, solo quería poseerla ya entre mis manos. Para mala suerte, eso solo sería así si derrotaba a Marcus, el mejor de mi escuela. La señorita Mountain, con sus gafas con montura metálica reposando en su nariz puntiaguda y sus rizos negros cayendo en sus hombros, nos miraba implacables con una brazo levantado, sosteniendo un pañuelo en esos delgados dedos que siempre daban golpes a la pizarra y las mesas, como odiaba esa maldita mujer. Esta sonrió con malicia mirando al chico, que respondió con una sonrisa Casanova. Nuestras pobres varitas de alumnos se alzaron para hacer la prueba final, que estaba por empezar. El sudor recorría mis dedos y los dejaba empapados, haciendo que el viejo palo mágico se resbalara entre mis dedos. 

Había preparado todos los conjuros para vencer a ese cretino, que sabía como de apuesto era y como no de apuesta lo era yo. Como siempre mis rizos naranjas como la fruta misma jugaban en mi contra. Como de buena era estudiando, una rata de biblioteca. Sí, lo iba a machacar, estaba segura y, sino, moriría en el intento.

-¿Preparada para perder?

-Igual de preparada que tu, a bailar.






Y RECORDAD, 200 PALABRAS


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