9 de julio de 2015

Creando páginas IV

Esa noche el cielo vestía un vestido azul marino con alguna que otra lentejuela, peleándose entre ellas por ser la más brillante de un sitio donde pocos miran. Las respiraciones de Laura eran como un brisa de primavera, fresca y suave que hace que la piel se erice y que las mejillas enrojezcan como dos manzanas envenenadas. Sus parpados estaban cerrados, perdidos en viajes por sueños con billete de vuelta. Su pelo estaba asfixiando la almohada, cubriendo con su larga melena cada rincón. Aun recuerda como la nariz se le movía tal que a un cascabel a Laura cuando le pidió que se lo cortara. Ella negó, cogió otro trozo de chocolate y siguió devorando, como si cada trozo de comida lo necesitara con más insistencia que el anterior. Su abultado estomago sobresalía. Se veía como las camisas premamá ya no le iban y parte de su barriga salía de la prenda de vestir.
 
Comenzó a ver como su sudor se deslizaba por la frente, era julio. Esa mañana, Laura le dijo que no se encontraba bien y ahora la veía sudando mientras dormía. Luís no hubiera pensado nada peculiar si su rostro no se formaran arrugas de dolor, haciéndose dar cuenta de dos posibilidades, el bebé o una pesadilla. Cuando aun meditaba las dos ideas, Laura se las respondió con una grito escondido en su garganta. Luís se puso la ropa mientras veía como ella se cogía la barriga con dolor y se calzaba con las zapatillas, sin molestarse en ponerse algo más. Luís la ayudó a andar y mientras esperaban a que el ascensor se deslizará hacía la planta baja Laura soltó otro grito, ese aun más fuerte.

-¡Qué viene!-Gritó cogiéndole del brazo de repente. Su ojos sobresalían de sus cuencas por el dolor y Luís perdía la circulación de su brazo. Él asintió y continuó hasta el coche.

-Ya se que viene, un grito y hago lo que me pidas.- Dijo mientras le abría la puerta del vehículo y la ayudaba a entrar.

-¡Entra de una maldita vez o te mato!-chilló. El hombre asintió y corrió hacía su asiento. Puso las llaves en el motor y salió de la plaza de aparcamiento como alma que lleva el diablo. Las calles de la ciudad les perseguían, haciendo que Luís se diera cuenta como las ventanas curiosas veían a una agresiva Laura, que chillaba y se retorcía mientras se recogía con firmeza la barriga, sin llegar a hacerse daño. Aparcó en el primer sitio cerca del hospital y llamó a este mientras iban haciendo el camino andando.

-Hospital Sant Joan de Déu, dígame.-dijo una chica con voz seria. Se notaba la pesadez en su dicción y su impotencia, al tener que estar a las tres de la mañana sentada delante de un mostrador vacío.

-Buenas noches, mi mujer esta de parto y ya estamos en camino. No sabemos como de dilatada esta ni nada, solo tiene contracciones y mucho dolor. ¿Podría venir una ambulancia?

-Sí, ahora pondremos una en camino. ¿Dónde se encuentran?

-En la calle Joan Miró.-Dijo Luís impaciente.

-Bien, no se muevan. La ambulancia tardará un minuto, están muy cerca.

-Claro que estamos cerca pedazo de idiota, venimos con coche pero su maldito parking no tiene plaza para una embarazada- un gritó cortó la voz de Laura. La operadora colgó y Luís ayudó a la chica a sentarse.- ¡Duele!

-Cariño, vas a sacar a un humano por ahí abajo.-Señaló por debajo la cintura.- Sino sintieras dolor me asustarías. Dame la mano y cuenta hasta diez, venga.
Laura asintió entre sudor y lágrimas.

-Uno...-inspiró.-Dos...-expiró.-Tres...-inspiró. Luís sonrió.-Cuatro...-expiró más tranquila.- Cinco...-inspiró. De repente una cara de dolor de mostró en su faz y las lágrimas le invadieron el rostro.-¡Como te odio, por Dios, muérete!-Dijo cogiendo con fuerza el brazo de Luís. Era otra contracción. El muchacho rió un poco, le habían avisado que cuando una mujer da a luz no tiene pelos en la lengua. Sus pensamientos llenos de recuerdos bonitos fueron interrumpidos por la ambulancia, que abrió las puertas deprisa y ayudó a Laura a entrar. Luís se sentó dentro y le cogió de la mano. Un hombre con barba le miró seriamente y Luís no supo que hacer. A continuación, el hombre miró a la mujer.-¡Póngame ahora mismo la epidural o lo dejo estéril de una patada!

El hombre asintió y la ambulancia empezó a avanzar.
Laura estaba en la sala de partos y él en la de espera. Las minimalista paredes blancas, mostrando un punto de vista neutro y sencillez pusieron nervioso al hombre. ¿A caso era sencilla la tarea de ayudar a dar a luz a una mujer? No encontraba razonable dar una imagen de simpleza en un sitio donde todo se hace con meticulosidad. Un hombre estaba en el mostrador, observando la pantalla del ordenador cuando su tecleo cesó.

-¿Primera vez?

-Sí

-No se preocupe.-Luís lo miró desafiante. No era la mujer de aquél hombre la que se abría de piernas, sangraba, lloraba y chillaba en ese momento. Definitivamente estaba muy molesto. El chico capto perfectamente su mirada.- La belleza de la naturaleza se hace de la forma más horrible y dolorosa que hay. Nunca comprenderé como una cosa tan bonita como un animal sale de una forma tan sucia. Pero, créame, eso pensamos al principio. ¿Por qué es lo que piensa ahora no? Después, vale la pena sufrir veinte minutos, cuarenta o una hora si la inversión de sus frutos y, puedo confirmarle que la cara de felicidad más pura será la que tendrá cuando salgan con su hijo en brazos.

-Hija.-Dijo Luís.
-¿Perdón?

-Que no es niño, es niña.

-Pues será aun mejor. Un padre luchará por su niñita con las armas más fuertes que tenga, se lo dice un padre de dos niñas y un niño.

Luís le miró de arriba a bajo. Odiaba como los padres podían hacerse los sabios con los primerizos. Él sabía perfectamente que ni un solo chico miraría de forma sucia a su hija. Ya amaba a esa niña sin tener que nacer, era su padre. El amor de padre no se hacía con la experiencia de serlo. Un simple embarazo bastó para que él amará al feto. La necesidad de poseer un bien es muy estúpida. Ver de primera mano como la barriga de tu mujer se va abultando...eso no tenía precio. Cuando esos pensamientos pasaban fugazmente por su mente, alguien salió de la sala de partos corriendo, con una paquetito en forma de amor entre los brazos.

-Aquí tiene señor, es hermosa. Su mujer ya la ha visto, esta perfectamente. ¿Saben ya como la llamarán?

-La llamaría Ángel pero ella es más que eso así que esperaré a que Laura este bien.
La mujer sonrió y se fue.

-Es bonita. No se preocupe por nada.

-Ya no lo hago.- dijo él. Miró a la niñita y le besó la frente, haciendo que esta estallará en risas.


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